Dice un pensamiento: “La inteligencia dirigida a la maldad, dará como frutos amargura; la inteligencia dirigida al bien, dará como frutos seres superiores y eternos”.
“Las escuelas deberían preparar a los estudiantes para vivir en un mundo en el cual lo que importa es la inteligencia positiva, no solo la inteligencia inerte, que es la analítica. En cambio las escuelas los preparan mayormente de tal modo que quedan desorientados”, afirma Rubert Stemberg, el genial psicólogo de Yale, en uno de sus libros, denominado Inteligencia exitosa.
Y continúa: –así terminamos con médicos que no saben relacionarse con los pacientes, psicólogos cuya comprensión de la gente se limita a los casos de manual, y administradores de empresas que quizás sepan analizar un problema, pero no resolverlo- ¡Cuánta verdad en sus expresiones!.
Resulta que el exagerado énfasis que se le da a la memoria, a la lógica, al análisis, deja desprovisto de una escuela compensatoria al desarrollo de la creatividad y la innovación, como a la practicidad para hacer que las cosas sucedan. Hoy es imprescindible replantearnos los esquemas educativos y enfocarlos hacia una realidad evidente, todo cambio, aún la educación y sus procesos. Hay que llevar más alegría a las clases, hay que llevar más caos a la universidad, más creatividad, más inteligencia. Hay que renunciar a depender tanto de la memoria -afirma Osho en una de sus reconocidas propuestas.
Uno de los más llamativos procesos de pensamiento es sin duda el análisis, importantísima vertiente que nos prepara para otros procesos superiores como el discernimiento; sin embargo,.. ¿es suficiente para triunfar en la vida? El mundo está lleno de gente que sabe analizar muy bien las cosas pero que se muestra totalmente incapaz para aportar creativamente con novedosas alternativas y para darle soluciones prácticas a los grandes dilemas de la vida. Así entonces pareciera que nadie puede enfrentar los problemas nuevos, resultados de la globalización y la tecnología, sino con las mismas propuestas desfasadas y anticuadas que demostradamente son insuficientes para aportar a la sociedad ansiosa de mejores días. ¿Qué ocurre con la educación de los lideres? Evidentemente falla desde el vamos porque además no existe un adiestramiento emocional adecuado que vaya a la par con aquel centrado en los conocimientos.
Quienes pueden utilizar todas sus habilidades intelectuales para lograr objetivos importantes en la vida parecen tener asegurado el éxito. Objetivos de diferente naturaleza cuyos logros expanden el universo de la sana autoestima y fomentan la ulterior grandeza del espíritu. La creatividad significa disfrutar de cualquier trabajo como si fuera una meditación. Hacer cualquier trabajo con un profundo amor. Si amas y limpias este cuarto, es creativo. Si no lo amas, por supuesto es un quehacer, una obligación que de alguna manera hay que hacer, es un peso, para Osho la eternidad de tantos y tantos venerables de la iglesia católica por ejemplo, se ha definido en lo extraordinario de los ordinario, en la grandeza de lo simple, en la humildad de ser grande.
La creatividad es a no dudarlo la segunda vertiente de la inteligencia exitosa luego de lo analítico. Para ser creativo hay que aceptar la libertad como un quehacer, como una tarea que hemos de estar tratando de perfeccionar día a día. Se es libre porque se puede optar, elegir, entonces determinar los caminos, escoger aquello que responsablemente sé que me va a mejorar; después de todo lo que no crece, decrece. Además la creatividad también necesita de la conciencia y de la voluntad independiente para poner todos los elementos de manera que podamos desarrollar algo nuevo, mejorar lo ya existente, aportar con cosas diferentes a un evento determinado.
La tercera necesidad es lo que se ha dado por llamar -inteligencia práctica- ¿Somos capaces de utilizar lo que hemos analizado y creativamente desarrollado, para darle solución práctica a algún dilema? La inteligencia práctica requiera indudablemente del conocimiento pero también del adecuado procedimiento de la información y de una dosis de intuición. Se puede entonces alternar con eficiencia en la respuesta cuando se trata de resolver un problema. Se toma de una u otra parte, se compara, se relaciona, se clasifica, se es capaz de pensar organizadamente y por tanto la solución práctica viene por añadidura.
Hoy más que nunca se necesita de inteligencia exitosa o positiva para vivir en este conflictivo siglo XXI. Ya el pensamiento vertical no es alternativa válida, hay que hacer acopio del pensamiento lateral.
Por Hernán Aguilar Romero
En diariopinion.com
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